El Circo Económico Español: Socialismo, Deuda y Motores Oxidados

España se ha situado en la cola del crecimiento económico en la Unión Europea desde 2019.

Desde que los ideólogos socialistas y comunistas tomaron las riendas, el país ha experimentado un crecimiento del PIB tan lento que solo alcanza un paupérrimo 0,7% de crecimiento, pero el presidente se atreve a decir que «la economía va como una moto«.

¿De qué moto estará hablando? ¿De la Vespa oxidada abandonada en su garaje?

Y lo más gracioso es que, en lugar de replantearse sus políticas económicas, estos genios continúan dándonos más de lo mismo: incrementar impuestos, como si exprimir aún más a los contribuyentes fuera la fórmula mágica para el éxito

¿Por qué no llaman a sus medidas lo que son? Una estafa fiscal disfrazada de solidaridad.

También están empeñados en hacerle la vida imposible a los pequeños empresarios y autónomos. Dificultar la contratación parece ser su deporte nacional. ¿No se dan cuenta de que los empresarios son los que generan empleo? Aumentar las regulaciones y poner trabas a la contratación solo crea un caldo de cultivo para el desempleo.

Pero claro, eso a estos ideólogos les importa un pimiento, porque mientras ellos tengan su silla en el poder, el resto que se las arregle como pueda.

Y para rematar, ¡tachán!, tiran de deuda como si fuera una competición. «A ver quién acumula más deuda», parece ser el lema del gobierno. ¿Y quién pagará la factura de esta fiesta desenfrenada de gastos?

Pues sí, tú y yo, querido contribuyente. Pero eso sí, los líderes socialistas se permiten el lujo de mirarnos a la cara y decir que todo va viento en popa.

Estamos en manos de un gobierno que parece más interesado en seguir una agenda ideológica caduca que en sacar a España del atolladero económico en el que se encuentra. Mientras tanto, el resto de Europa nos mira con una mezcla de lástima y desconcierto.

¿Y todo por qué? Porque nuestros líderes están obsesionados con unas políticas que han demostrado, una y otra vez, ser un camino directo al desastre económico.

¡Bravo, España! Estamos alcanzando nuevas cotas de mediocridad política  que ni siquiera sabíamos que eran posibles!

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