Cómo el oro nos ha dado la razón y el dinero

¿Recuerdas que hace unos meses escribí un artículo sobre el oro? Sí, aquel en el que te expliqué por qué el oro estaba en máximos históricos y cómo la cosa pintaba para seguir subiendo.

Pues bien, si algún lector hizo caso, estará ahora celebrando con cava caro y no el espumoso de oferta del supermercado.

El oro ha pasado de cotizar de 2.123 a la friolera de 2.624. Repito: ¡2.624!.

+23’5% de rentabilidad en 6 meses.

Aquí no estamos para perder el tiempo con teorías que no van a ningún lado ni grandes tesis de inversión en un papel. Estamos para ganar dinero y mientras la gente siga teniendo miedo, el oro seguirá subiendo. Y créeme, hay más miedo en el aire que oxígeno.

Esto es real.

El oro se ha disparado, y los que supieron leer entre líneas, ahora están más cerca de ese sueño que tenían: la libertad financiera o, al menos, de dejar de pedirle a su suegra que les preste para las vacaciones.

La estrategia de inversión que planteé funcionó. Ni trucos de magia ni cartas escondidas. Si lo seguiste, te has subido al tren correcto. Si no, bueno, siempre puedes subirte en la próxima estación, aunque quizá no sea con tanta comodidad.

¿Por qué ha seguido subiendo? Fácil. La inestabilidad económica, las tensiones geopolíticas, la caída de las criptos, y la confianza que la gente sigue teniendo en este pedazo de metal amarillo que, aunque no lo puedas poner como foto de perfil, te asegura una cosa: valor real. Y en tiempos de incertidumbre, el valor real es oro puro. Literalmente.

Así que si estás entre los que apostaron por mi predicción, enhorabuena, has dado un paso hacia la independencia. Y si no… oye, el oro sigue ahí, quizá nos movamos en un tendencia lateral o quizá no…. El oro no ha hecho prisioneros, y aunque ya no esté a precio de saldo, aún le queda gasolina para seguir subiendo.

PD: Si no has invertido aún, no es tarde, pero como todo en la vida, mejor que lo pienses bien antes de dejar escapar otra oportunidad.

PD II: El hecho es que no importa cuántas veces fallemos en pequeñas decisiones. Lo que importa es acertar en las grandes. Y acertar con el oro ha sido una de esas grandes decisiones.

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