Capitulaciones matrimoniales: lo que debes saber antes de decir «Sí, quiero»

Hablar de dinero antes de casarte no es muy romántico.

Pero, ¿sabes qué es aún menos romántico? Un divorcio caótico que parece más una batalla de Juego de Tronos que una separación. Y para eso están las capitulaciones matrimoniales, esas grandes desconocidas de las que casi nadie quiere hablar antes de pasar por el altar.

Te explico rápido, que seguro tienes cosas mejores que hacer (aunque esto, créeme, es importante): las capitulaciones matrimoniales son como un contrato prenupcial, pero con un nombre mucho más elegante.

Se firman antes o después del matrimonio y sirven para decir cómo vais a manejar los bienes y las finanzas. Básicamente, estableces las reglas del juego para que, si alguna vez hay que dividir la partida, las fichas ya estén colocadas y no acabes perdiendo medio reino en el proceso.

«Pero yo confío en mi pareja», dirás.

Y está bien, no te estoy pidiendo que desconfíes. Te estoy pidiendo que seas práctico. Porque el amor es maravilloso, pero los bienes inmuebles no se dividen solos, y las deudas tampoco. Y, en serio, mejor hacer las cuentas cuando las cosas están bien que cuando todo se va al garete.

¿Has oído hablar del régimen de gananciales? Significa que todo lo que ganáis durante el matrimonio es de los dos, como una cuenta común donde todo va al mismo saco. Suena bonito, ¿no?

Hasta que te das cuenta de que si uno tiene más deudas que el otro, también son «de los dos». En cambio, con la separación de bienes, cada uno sigue con su parte del pastel y si se acaba la fiesta, cada uno se lleva lo suyo. Y no, no es egoísmo. Es inteligencia.

«Vale, pero ¿y si no firmo capitulaciones?» Bueno, pues si no firmas, se aplicará el régimen de gananciales por defecto (al menos en la mayor parte de España). Y eso está bien si quieres compartir hasta el último céntimo… pero si prefieres que las cosas sean claras y sin malentendidos, más vale dejarlo todo bien escrito.

Así que, antes de la boda, entre elegir la música y la lista de invitados, piensa en un rato para hablar con un notario sobre las capitulaciones. Sí, suena tan emocionante como ver crecer el césped, pero créeme, te ahorrarás más de un dolor de cabeza en el futuro. Hazme caso, invierte un poco de tiempo en esto y tendrás más probabilidades de mantener la paz, tanto en el amor como en el bolsillo.

Al final, las capitulaciones no son otra cosa que una carta de amor para tu futuro yo. Y, si todo sale bien, ni siquiera tendrás que abrirla.

P.D. Estoy trabajando en una serie de artículos sobre el régimen de gananciales y el de separación de bienes, que te van a dar claves para planificar y proteger tu patrimonio de forma inteligente. Si no quieres que el dinero (o las deudas) te pillen por sorpresa, no te los pierdas. ¡Te aseguro que te van a ahorrar más de un quebradero de cabeza!

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