Régimen de gananciales: las cláusulas del amor.
Ese régimen de gananciales que a todos nos importa poco cuando manda el amor… pero que más de uno ha lamentado luego, cuando el romance se vuelve cuestión de números.
Cuando te casas sin firmar capitulaciones matrimoniales, ¡sorpresa!, te acabas de meter de cabeza en este régimen, lo quieras o no. Vamos que se aplica por defecto (en ciertas comunidades autónomas no es así).
Así que si piensas casarte o ya lo estás, mejor que lo entiendas bien.
Te explico. Seguro que alguna vez has ido a un restaurante a cenar con tu pareja y has pedido varios platos «para compartir» .
Pues en régimen de gananciales, al igual que en la cena, todo lo que ganes, compres o consigas después de casarte es para compartir. Sí, sí, aunque tú hayas sido el que se ha levantado a las seis de la mañana a currar y tu pareja haya estado más tranquila-tranquilo-tranquile. ¡Da igual! Todo va al mismo saco.
¿Qué significa esto?
Que si te compras una casa, un coche o hasta una cafetera nueva, todo es de los dos. Y ojo, que esto también incluye las deudas que acumuléis. Si tu pareja mete la pata y le da por pedir un préstamo para montar un chiringuito en la playa, tú también estarás implicado. Así que piénsalo dos veces antes de gritar «¡gananciales, viva el amor!».
Ahora bien, no todo es común: bienes privativos
Lo que ya tenías antes de casarte sigue siendo sólo tuyo. Esos ahorros que llevas guardando desde los 18, o esa moto vintage que heredaste de tu tío, eso no se comparte. Pero, todo lo que venga después del “Sí, quiero”, va a la hucha común.
Además, si te llega una herencia o un regalo de un tio que tenías en Cuba, tampoco lo tienes que compartir, eso se queda contigo (a no ser que decidas voluntariamente compartirlo, claro).
¿Y qué pasa si las cosas se tuercen?
Si te divorcias, toca liquidar esa “sociedad de gananciales”.
Es decir, repartir todo lo que habéis acumulado en ese fondo común. Lo bueno es que sólo se divide lo que habéis comprado o ganado juntos. Lo malo es que puede ser un lío si no tenías las cosas claras desde el principio. Y lo peor es que si habéis compartido deudas, también habrá que repartirlas.
Resumen rápido
Con el régimen de gananciales, cuando las cosas van bien, todo es de los dos. Pero cuando las cosas se tuercen… bueno, lo que antes era bonito, ahora hay que dividirlo como si estuviéramos jugando a Monopoly. La pregunta es: ¿te atreves a jugar?