La gran estafa: sostenibilidad y seguridad
Vendieron la idea de un mundo más limpio, sostenible y seguro.
Y la gente, ingenua o ignorante, les creyó. Pero detrás de cada nueva normativa, de cada «medida por nuestro bien», hay algo mucho más siniestro. Nos están despojando, poco a poco, de nuestra independencia, de nuestros derechos, de nuestra libertad.
La última jugada de la Comisión Europea es un ejemplo perfecto: quieren que los arrastreros trabajen solo 27 días al año. De los más de 200 días que salían al mar en 2019, ahora se quedarán amarrados casi todo el año. Quién puede vivir trabajando 27 días al año?
¿El motivo? «Proteger los recursos marinos». ¿De verdad? Si esa es la intención, que tengan el valor de prohibir directamente la pesca. Pero no, prefieren asfixiar a los pescadores hasta que abandonen por completo. Es un proceso lento, frío, calculado.
He nacido en un pueblo donde el mar y la tierra eran el motor económico. Aquí se pescaba, se cultivaba, se trabajaba con las manos. Y he visto cómo, año tras año, intentan acabar con el sector primario. Normas absurdas, impuestos asfixiantes, restricciones sin sentido. Nos están llevando al punto de no retorno, al golpe de gracia final.
Y no todo queda ahí.
Mientras destruyen la base de nuestra economía, nos imponen un control que nunca antes habíamos visto. Ahora tienes que dar más de 40 datos personales al gobierno. Todo «en nombre de la seguridad». Pero, ¿seguridad de quién? ¿De qué?
A nadie debería importarle con quién duermo en un hotel o dónde paso mis vacaciones. Lo preocupante no es solo el control, sino lo fácil que lo aceptamos. Nos han lavado el cerebro con la idea de que es por nuestro bien.
Esta es la gran estafa: sostenibilidad y seguridad como excusas para arrebatarnos todo. Menos trabajo, más control. Menos derechos, más dependencia. Nos quieren pobres y obedientes, dependientes de ayudas, mirando siempre al gobierno como la única solución.
¿Y nosotros? Seguimos callados. Nos quejamos en privado, pero no hacemos nada. Nos están llevando al matadero y, lo peor de todo, es que les estamos dejando. Tal vez, al final, tienen razón: nos merecemos lo que nos pase por no levantarnos.