Gestión del Patrimonio Familiar desde la óptica del Value Investing

¿Que es el Value Investing?

El Value Investing es una disciplina de inversión basada en la creencia de que las acciones de una empresa tienen un valor intrínseco que puede ser calculado tras un cuidadoso análisis.

Las oportunidades de inversión más rentables surgen cuando el precio de mercado de las acciones se desvían significativamente de su valor intrínseco. La tarea esencial de un inversor en valor es determinar el valor intrínseco con la suficiente precisión para tomar ventaja de la distorsión que se produce en los mercados entre precio y valor. Dicho de un modo más plano, comprar barato, y solo cuando el descuento sobre el que podemos adquirir las acciones es amplio,“significativo”.

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Warren Buffett, considerado el máximo exponente del value investing.

Esta filosofía de inversión que se aplica en los mercados financieros es perfectamente aplicable a la inversión en cualquier tipo de activo sea financiero o no, como por ejemplo participaciones en sociedades, tierras, oficinas en alquiler, etc.

¿Ha pensado alguna que la inversión en valor podría ser una filosofía perfectamente válida para gestionar la totalidad de su patrimonio familiar? De hecho, de una forma inconsciente quizá ya lo esté haciendo. Seguro que si ha adquirido una participación en una sociedad lo hace pensando que va a ganar dinero pero ¿esa intuición esta basada en un análisis cuidadoso del valor intrínseco de la empresa o del activo en cuestión? ¿ha fijado un precio lo suficiente bajo de adquisición que le de un margen de seguridad?

Benjamin Graham y David Dodd, padres del análisis fundamental allá por los años treinta, basaron su estrategia de inversión en tres características que definen a los mercados financieros, pero que también podemos encontrar en cualquier otro tipo de mercado.

Movimiento impredecible de los precios

Los precios de las acciones están sujetas a movimientos amplios y caprichosos. El mercado bursátil, Mr. Market le llama Graham, es una persona paranoica que nos ofrece todos los días precios de compra/venta, y sus continuos cambios de humor afectan al precio al que está dispuesto a hacer negocios con nosotros.

¿Acaso estos movimientos amplios y caprichosos no los encontramos también en las materias primas, en los productos básicos, en el mercado inmobiliario?

Valor intrínseco

A pesar de estos movimientos en los mercados financieros, muchos de los activos financieros tienen un valor subyacente que es relativamente estable y que puede ser medido con razonable precisión por un inversor disciplinado. En otras palabras, el valor intrínseco de un negocio es una cosa; el precio actual al que cotiza es otra cosa. A pesar de que valor y precio pueden en un momento dado ser idénticos, suelen divergir.

Margen de seguridad

Una estrategia de comprar acciones solo cuando su precio de mercado está considerablemente por debajo de su valor intrínseco produce unos retornos sobre la inversión superiores en el largo plazo.

Graham se refiere a esta diferencia entre valor y precio como “margen de seguridad”. Idealmente el margen debería ser de un 50%, y no menos de un 33%, de su valor intrínseco. Graham deseaba comprar 1 dólar de valor por 50 centavos. La hipotética ganancia debía ser pues amplia y, más importante aún, segura.

Partiendo de estos tres supuestos, el proceso central del value investing es bastante simple, y se basa en la habilidad de encontrar acciones infravaloradas. Así pues, trasladando esta filosofía a la gestión de un patrimonio familiar, un inversor debe estimar el valor fundamental del activo que le interese y comparar el valor con el precio actual que el vendedor le ofrece. Si el precio es más bajo que el valor con un margen de seguridad suficiente, al menos un 33%, el inversor adquiere el activo.

Estos principios son aplicables a la inversión en terrenos urbanos, tierras rústicas para explotar, oficinas o viviendas para arrendar, participaciones en sociedades o cualquier otro tipo de proyecto de inversión que se le ocurra. Las estrategias de Graham no requieren fórmulas extremadamente difíciles o información no accesible al público general. El éxito en la inversión value no requiere un coeficiente intelectual superior, sino más bien la capacidad de mantener las emociones aisladas del “ruido financiero” cuando nos encontramos en el proceso de toma de decisiones.

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